La gestión del sistema sanitario vuelve a evidenciar una grave incoherencia estructural en la Región de Murcia. En los últimos años, se han invertido más de 11,5 millones de euros en la formación de enfermeras especialistas en Enfermería Familiar y Comunitaria. Sin embargo, la mayoría de estas profesionales no pueden ejercer su especialidad por la falta de plazas estructurales y de reconocimiento dentro del sistema.
Cada una de estas enfermeras ha supuesto una inversión pública cercana a los 50.000 euros. Se trata de profesionales altamente cualificadas, formadas para desempeñar un papel clave en la Atención Primaria: seguimiento de pacientes crónicos, atención domiciliaria, prevención y educación sanitaria. Precisamente, ámbitos fundamentales en un contexto marcado por el envejecimiento de la población y el aumento de la cronicidad.
A pesar de ello, la estructura sanitaria no ha sido capaz de absorber este talento. En la Región de Murcia se han formado 231 especialistas, pero apenas se han creado unas 60 plazas específicas. Esta desconexión entre formación y empleo no solo supone un desperdicio de recursos públicos, sino que agrava la presión sobre un sistema ya saturado.
El problema no es menor. España presenta una ratio de enfermeras por habitante inferior a la media europea, y Murcia se sitúa aún más por debajo. Mientras se reconoce la necesidad de reforzar la Atención Primaria, se desaprovecha el potencial de quienes podrían sostenerla.
Desde Tercera Edad en Acción consideramos que esta situación es el resultado de una falta de planificación y de una visión estratégica a largo plazo. No se trata únicamente de invertir más, sino de invertir mejor. Es imprescindible alinear la formación con las necesidades reales del sistema, crear plazas estructurales y garantizar el reconocimiento profesional de estas especialidades.
Un sistema sanitario eficiente no puede permitirse formar talento para luego ignorarlo. Esto no es solo una cuestión económica, sino una responsabilidad con la ciudadanía.



