La calidad del aire en los entornos escolares de Murcia ha alcanzado niveles preocupantes que exigen una respuesta política urgente. Los datos recientes evidencian que ninguno de los centros analizados cumple con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud en cuanto a exposición al dióxido de nitrógeno (NO₂), un contaminante estrechamente vinculado al tráfico rodado y con efectos directos sobre la salud infantil
Este escenario sitúa a Murcia a la cabeza de los peores resultados a nivel nacional, reflejando un problema estructural derivado de un modelo urbano centrado en el vehículo privado. La evidencia es clara: los centros educativos ubicados en zonas con menor densidad de tráfico presentan mejores niveles de calidad del aire, mientras que aquellos situados en vías congestionadas registran valores muy por encima de lo recomendable, e incluso de lo legal
Aunque desde el Ayuntamiento se defiende el cumplimiento de los límites normativos actuales, es necesario señalar que dichos umbrales están desfasados respecto a las recomendaciones sanitarias internacionales. Cumplir la legalidad vigente no puede ser la única referencia cuando está en juego la salud de miles de niños y niñas
La contaminación por NO₂ está asociada a enfermedades respiratorias, agravamiento del asma y otros problemas de salud que pueden tener consecuencias a largo plazo. No actuar implica normalizar un riesgo evitable
Desde Tercera Edad en Acción consideramos que esta situación es inaceptable. Las administraciones locales disponen de herramientas eficaces que ya han demostrado su impacto: reducción del tráfico en entornos escolares, implantación real de Zonas de Bajas Emisiones, mejora del transporte público y recuperación de alternativas sostenibles como la movilidad ciclista
Proteger la salud de la infancia no puede quedar supeditado a la inercia política ni a debates técnicos. Es una cuestión de voluntad y de responsabilidad pública



