Cada verano, y cada vez más fuera de él, España afronta incendios que arrasan bosques, viviendas, economías locales y ecosistemas clave. El problema no es solo climático: es de planificación, coordinación y velocidad de respuesta. La sociedad entera —familias, jóvenes, trabajadores, autónomos, mundo rural y urbano— paga el coste de la inacción.
Los incendios no empiezan en julio: se gestan durante todo el año cuando la gestión forestal es insuficiente, cuando faltan cortafuegos, pastoreo ordenado y limpieza de biomasa; cuando la administración fragmenta competencias sin un mando claro; cuando los avisos se demoran y los recursos llegan tarde o dispersos. También fallamos en la cultura de la prevención: educación ambiental pobre, sanciones poco disuasorias y abandono del territorio que deja al monte sin manos ni mirada.
Tercera Edad en Acción propone un plan integral centrado en prevención, rapidez y rendición de cuentas.
Primero, gestión forestal activa 365 días: silvicultura preventiva, fajas auxiliares, uso de biomasa como energía local y apoyo al pastoreo extensivo que reduce combustible natural.
Segundo, mando operativo unificado para emergencias con protocolos idénticos en todo el país, ejercicios conjuntos entre Estado, CCAA y ayuntamientos y centros de coordinación comarcal conectados en tiempo real.
Tercero, vigilancia y detección temprana: torres de observación modernizadas, sensores térmicos, satélites y drones coordinados con una red de voluntariado formado.
Cuarto, profesionalización y estabilidad de las brigadas: contratación anual, formación continua, psicoprevención y equipos de última generación.
Quinto, transparencia y control: portal público con mapas de riesgo, tiempos de respuesta, contratos y auditorías independientes, además de sanciones efectivas por negligencias.
Sexto, recuperación y resiliencia: restauración de suelos, reforestación con especies autóctonas, cortas selectivas, ayudas a pymes rurales y seguros accesibles para viviendas en interfaz urbano-forestal.
Este enfoque protege empleo, turismo, agricultura, biodiversidad y salud pública. Evita pérdidas millonarias, emisiones y suelos degradados. Y devuelve a las comunidades la seguridad de que el territorio se cuida de enero a diciembre.
Los incendios no son destino: son el resultado de decisiones. España necesita pasar del “llegamos tarde” al “llegamos antes”. Con prevención real, coordinación sin ego institucional y recursos estables, podemos reducir el número y la gravedad de los siniestros. Tercera Edad en Acción apuesta por una política que una campo y ciudad, ciencia y oficio, para defender nuestro hogar común y el futuro que compartimos. Actuemos ya, juntos.



