El reciente escándalo sanitario en Andalucía —con la detección de que unas 2.000 mujeres quedaron en un limbo diagnóstico tras someterse a mamografías cuyas conclusiones dudosas no les fueron comunicadas oportunamente— es una herida abierta en la credibilidad del sistema público de salud.
¿Hasta cuándo seguiremos tolerando que la salud se gestione con desdén administrativo, como si el bienestar de millones de mujeres fuese un gasto prescindible? En Tercera Edad en Acción afirmamos con rotundidad: la sanidad no puede seguir siendo moneda de cambio; debe ser un derecho con recursos, estructura y responsabilidad.
Los hechos, desnudos y crudos, son aterradores.
El programa Andaluza de cribado del cáncer de mama practica cada año cientos de miles de mamografías, pero no siempre comunica los resultados dudosos con la diligencia debida.
Muchas mujeres esperaron meses, hasta dos años, para que se les informara de que su resultado requería una segunda prueba. Algunas descubrieron tarde que la enfermedad había avanzado.
La Junta de Andalucía, al verse acorralada, activó plan de choque, aceptó la dimisión de la consejera de Salud y admitió fallos del sistema, pero los profesionales sanitarios advierten que esto no es un error puntual, sino un problema estructural: falta de radiólogos, equipos obsoletos, carencias organizativas.
Además, los protocolos oficiales establecen plazos claros: ante una sospecha diagnóstica, se debe valorar el caso en comisión de tumores en un máximo de 30 días. Pero el sistema ha incumplido esas normativas con consecuencias graves para las pacientes.
Detrás de los tecnicismos, están seres humanos con miedo, incertidumbre, dolencias evitables y, en algunos casos, víctimas irreparables. Cuando un sistema sanitario deja de ser garante y se convierte en riesgo, estamos ante una traición al deber público.
No más excusas, no más pasividad
Este episodio revela lo que muchos sospechaban: la sanidad pública, bajo la presión del déficit y el ahorro, está siendo colapsada por un abandono paulatino. Quienes gobiernan parecen creer que la salud es un coste, no una inversión existencial. Ese error de concepto ha llevado a demoras inadmisibles, a la delegación de recursos hacia la privada, al desencanto ciudadano y al más grave desperdicio humano: perdidas de vidas que podían haberse evitado.
La excusa de “no avisar para evitar ansiedad” —más que paternalismo— es un desprecio hacia las mujeres. La ansiedad que legítimamente provoca la espera no puede ser argumento para ocultar información vital. Cuando hay dudas, hay que actuar con transparencia y urgencia.
No basta con dimisiones simbólicas y promesas mediáticas. Se necesita un rescate sistemático, con voluntad política y financiamiento real.
Propuesta concreta del partido Tercera Edad en Acción: estrategia para la salud de la mujer
Para revertir esta tragedia institucionalizada, proponemos un plan integral bajo nuestra bandera, con foco en la organización coordinada y el aumento de fondos para la salud de la mujer:
- Red nacional de cribado con supervisión profesional
Crear una oficina estatal de supervisión del cribado nacional (mama, colon, cérvix) que audite las autonomías y garantice cumplimiento de plazos.
Establecer circuitos automatizados (catálogo digital y alertas) que registren cada prueba, su resultado, y el tiempo desde la sospecha hasta la resolución, accesibles tanto para la administración como para las pacientes.
- Fondos adicionales específicos para salud femenina
Crear un Fondo Nacional para la Salud de la Mujer con financiación especial (por ejemplo, un 5 % adicional del presupuesto sanitario), destinado exclusivamente a infraestructura diagnóstica, equipos de radiología, contratación de especialistas y asistencia psicológica complementaria.
Priorizar la inversión en zonas rurales y provincias con carencias estructurales para reducir la desigualdad territorial en el acceso al diagnóstico.
- Unidad de respuesta rápida en cáncer femenino
Implementar unidades móviles de diagnóstico precoz (mamógrafos móviles, equipos radiológicos itinerantes) que puedan visitar zonas con menor cobertura.
Crear “mesas de emergencia oncológica” regionales que solventen en 48-72 horas cualquier caso dudoso, coordinen pruebas complementarias y aseguren seguimiento inmediato.
- Formación, plantilla y retribución digna
Contratar radiólogos, técnicos y personal sanitario con planes de carrera y salario competitivo para evitar fuga al sector privado.
Impulsar formación continua en diagnóstico precoz y protocolos actualizados para todos los niveles: atención primaria, centros locales, hospitales.
Incentivar guardias especializadas en diagnóstico femenino, con bonificaciones salariales por tiempo de respuesta.
- Transparencia, reparación y participación ciudadana
Establecer un portal público donde las afectadas puedan consultar el estatus de su caso, las demoras, y reclamar responsabilidades.
Garantizar que todo caso con demora injustificada reciba una compensación sanitaria (pruebas gratuitas, tratamientos preferentes, apoyo psicológico).
Incluir a asociaciones de mujeres y pacientes en comités consultivos permanentes del sistema de salud para supervisión activa.
La salud de las mujeres no es asunto menor, no es gasto prescindible, no puede seguir siendo víctima del descuido institucional. Cada demora, cada olvido, cada caso no comunicado es una culpa colectiva que el sistema no puede seguir cometiendo.
En Tercera Edad en Acción nos comprometemos a convertir este escándalo en el punto de partida de un cambio profundo: una sanidad con responsabilidad, con recursos, con corazón. Pero para eso necesitamos tu apoyo.
Únete a nuestro partido. Defiende que la sanidad recupere su dignidad. Exige transparencia, exige recursos, exige que la salud de las mujeres sea prioridad. Juntos haremos que la indiferencia deje de matar.



